El día menos pensado,
cuando todo era silencio,
apareciste en mi vida
como luz entre el invierno.
Traías en tus ojos
la promesa del universo,
y en tus manos la certeza
de que todo era eterno.
Te esperaba sin saberlo,
en cada sueño, en cada intento,
como Saturno guarda estrellas
para alumbrar los cielos.
Cuando llegaste tú,
el tiempo se detuvo,
mi mundo se llenó de ti,
de tu voz, de tu susurro.
No hay distancia ni razón,
solo el latido y la emoción,
porque mi vida comenzó
cuando llegaste tú.
Hoy entiendo que el destino
es un puente entre dos almas,
que la espera no es castigo,
es la forma en que se abraza.
Tus palabras son refugio,
tu sonrisa es mi esperanza,
y en tu piel encontré
la eternidad que me faltaba.
Si el universo se apaga,
si el tiempo se nos acaba,
seguiré buscándote
en cada estrella que me llama.

